Sol negro siempre

Gran dolor, aquí todo se te parece.
El alquitrán esparcido en las colinas.
La resina
que se desliza a los largo de las resecas angosturas.
La tristeza del perro que gime en los suburbios
Ella también se te parece.

Y este arrecife rodeado de agua,
agua abandonada como una mujer
en brazos de alguien que pagará con su vida
su indómita sed.
Y ese púrpura avaro, cercano e inaccesible.
Y este arrecife rodeado.

Y estas viñas, estas viñas vírgenes. Y estos vinos
desbordantes de incandescencia, de ardor y quemazón.
Y la sequía.
Y la piedra del alma petrificada
Y nuestros tres hijos sol negro, nuestros tres hijos
Sedientos entre las viñas, las viñas vírgenes y los vinos.

Y este campanario en el denso avellanar,
rezando, maldiciendo.
Gimiendo herido.
Y todos aquellos que buscan reposo y curación.
Y todos los santos en los frescos de ojos arrancados.
Y este campanario en el denso avellanar.

Gran dolor, aquí todo se te parece.
El alquitrán esparcido en las colinas.
La resina.
Y por encima, la Osa Mayor.
Hasta el perro que gime en los suburbios
Hasta su tristeza se te parece.
Y esta tierra tumultuosa pero clara
Y la sequía. Y la quemazón.
Y la angustia.
Y mis tres heridas –tres palabras jamás pronunciadas
Oh sol negro, fuego de fin de otoño
Nos bañamos ya en el brillo de una estrella muerta.

Aco Šopov, Гледач во пепелта (Vidente de cenizas), 1970
Traducción de Luisa Futoransky, Sol Negro, 2011