Cierta idea de lo sagrado*

por Ante Popovski (1931-2003)

Ante Popovski

Šopov constituye una de las ilustraciones más emocionantes de la palabra y el pensamiento poético macedonio: la inquietud es tanto su legado y su presagio.

No tendría sentido e incluso sería impío a buscar alguna verdad en la poesía de Šopov. A menudo, un solo verso suyo contiene siglos de experiencias con su cohorte de verdades y absurdos. Sólo podíamos decir con algún grado de certeza, que la poesía de Aco Šopov es el sitio de una larga metamorfosis del silencio y su antítesis: la emoción y la voz.

Entre los muchos significados de silencio, la obsesión intimista  es el de menor importancia. El intimismo en el fondo es  una etapa de la negación de sí, momento en el que el silencio se transforma en color o en voz,  en fruto o en gesto. En resumen, una primera materialización sonora o gráfica de la angustia. Después de todo, el silencio no precede a la vida y no sucede a la muerte. Es esa red fina que circunda las grandes explosiones: es él quien brinda a las cosas grandeza épica y solemnidad de himno (…)

En el caso de la lengua  y del silencio Aco Šopov, como en la de la tierra y la germinación, la naturaleza se encarga de restablecer el equilibrio. Principio original donde el don de la conciencia compensa la ausencia de relación. Parecería que todo el proceso del poeta se centra en torno a una idea principal: penetrar el corazón del sufrimiento, invadir su sangre, convertirse en sufrimiento para que así de nuevo la vida sea sagrada. A través del lenguaje, Aco Šopov desacraliza el silencio y a través de esta metamorfosis, intenta por un momento vengarse de la vida por la impresión de profundos y brillantes estigmas  (…)

Cuando, por su lenguaje, Aco Šopov siembra el pensamiento poético, se une al gesto del campesino que, al tiempo que fertiliza la tierra con su trabajo, la desacraliza. El verso, en Aco Šopov, no cesa de renacer de sí mismo. Pero nunca solo. El hombre también está en el centro de dicha resurrección. El verso de Šopov crea a la vez la esencia y el ser.  En la literatura encontramos una lista infinita de símbolos que traducen el vínculo del hombre con la tierra. La poesía de Aco Šopov expresa de otro modo esta verdad. En ella, el hombre y la tierra son uno. El hombre deja tras de sí un terrón miserable. El cementerio. Pero en comparación con los cementerios del alma, los cementerios comunes son sólo miniaturas. En cada uno de nosotros se mueve un cementerio de deseos reprimidos, sueños abortados, amores perdidos, de ilusiones, de injusticias reparadas o irreparables. Cuando es silencio y ofrenda al silencio, la poesía de Šopov certifica que la tierra no es que silicato y carbono, estratos y raíces, vetas de hierro o de oro, pero que contiene la vida y la realidad del hombre con sus sueños y esperanzas en descomposición (…)

El poema de Aco Šopov niega el “excedente” de emoción para tratar sólo las esferas de la angustia primordial. Es el anuncio de una semántica en negro donde aparece la silueta del poeta en el umbral de la desesperación, arropado de pavor, rodeado de peligros. Su extrema sensibilidad todo lo detecta, tanto que dentro del negro, lo irremediable se convierte de alguna manera en palpable. Más adelante intentará reemplazar esta violenta semántica de su propio fin por una idea filosófica densa donde la resignación y el miedo ya no tienen espacio. El sol negro, el sol de medianoche, el estigma, el fuego, la sangre serán los últimos símbolos (…)

* Extractos de la introducción al libro de Aco Šopov: Anthologie personelle (Antología personal), Actes Sud / Ediciones UNESCO, 1994.