Con los dedos

qué se espera de un viejo? que pida turno con especialistas
que le confirmarán por si falta le hacía
el deterioro irremediable

que mate el tiempo
que sus deseos como él se jubilen sin júbilo de la vida del paso y el respiro
sus allegados, la ciudad, se vengan de sus antiguas perrerías y petulancia
le multiplican escaleras
veredas jabonosas
apenas con un alfiler
un martillito de viento le quiebran la dentadura postiza
en el lavabo del hotel
y para rematarla los duendes de la noche la tiran por la ventana
y el vecindario se queja por ruidos molestos
intempestivos
joder con los viejos
hay quien dice que huelen tan mal como los linyeras
o los muros de las prisiones
porque el olor de una clase de adolescentes en verano
voltea marea
distinto

el viejo vive en un inmenso país de gente resfriada
por el arrepentimiento y los tiempos condicionales
un país de peter pan
que la parsimonia con que abren sus chequeras no ventila
de principitos destronados y cochambrosos
país de excrecencias, temblores, toses
alfombrado de pesadillas

yo lázaro transmito
al volver de la academia
tradición obliga
preciosos mendrugos, edictos de cariño

el arcoiris se come con los dedos
el rocío aminora el mal aliento
las piedras preciosas en los bolsillos dificultan el vuelo
soltarlas en el firmamento lo aligeran

descifrar alfabetos en la forma de las nubes desempolva la penuria
tirar del cántaro
hasta que por fin se rompa
en una luminosa astilladura de partículas
para qué otra cosa están hechos acaso los cántaros
la gente
las medias
las casas
los elefantes
sino para romperse
así
de repente
y a sabiendas

Luisa Futoransky